AN 2017: La creciente demanda por un diálogo social efectivo

Dr. Manuel Barahona Montero

Catedrático Escuela de Economía, UNA

Introducción

El 27 de junio de 2017 las nueve agrupaciones políticas con representación en la Asamblea Legislativa suscribieron el Acuerdo Nacional para la Costa Rica del Bicentenario (AN 2017), tras un proceso de siete meses de trabajo en que se abordaron 11 áreas temáticas y se alcanzaron 59 acuerdos bajo una metodología de mayorías calificadas.

El presente artículo consta de tres breves secciones. En la primera, se describen reacciones y críticas hechas a la iniciativa que oscilan entre el tímido apoyo y el escepticismo total. Seguidamente, considerando la pertinencia y utilidad del instrumento, se visualizan requerimientos para ampliar su legitimidad social. Finalmente, se presenta una reflexión de cierre, a modo de conclusiones. Una versión extendida del artículo en el que se revisa antecedentes y la arquitectura del Acuerdo Nacional se encuentra en la sección Documentos de Enfoque Crítico para mayor abundamiento.

I. Reacciones y críticas

En un contexto de desconfianza hacia los procesos políticos y al igual que aconteció con los acuerdos de la llamada Comisión de Notables convocada por la Presidenta Laura Chinchilla, las reacciones al Acuerdo Nacional oscilan entre un tímido apoyo y el escepticismo en tanto en cuanto el desenlace del proceso que le originó es coincidente con el arranque de los fuegos electorales de cara al primer domingo de febrero que tuvo un primer episodio con los procesos convencionales del PLN, PUSC, PAC y el ML.

En su editorial del 1ero. de julio de 2017, El Financiero plantea una serie de limitaciones en relación con el AN, destacando principalmente los siguientes aspectos: i) grado de generalidad de los acuerdos, ii) dificultades en su observancia, iii) exclusión de actores del Poder Ejecutivo y la sociedad civil organizada; iv) no inclusión de temas relativos a la mejora en la gestión legislativa; v) exclusión de compromisos en materia de derechos humanos y medio ambiente; y vi) imprecisión en los mecanismos de seguimiento.

El editorial de El Financiero concluye: “Ausentes el Gobierno y los principales líderes partidarios, se corre el riesgo de que los buenos deseos no transiten hacia el terreno de las realizaciones y que el esfuerzo se reduzca a buenas intenciones.” (http://www.elfinancierocr.com/opinion/Acuerdo_Nacional-Costa_Rica-Otton_Solis-Antonio_Alvarez-falencias_0_1203479646.html).

Por su parte, con “malicia indígena“ en su blog Notas al tema que se publica en el diario La República, el economista Guillermo Zúñiga expreso su desánimo con la iniciativa por la generalidad de las propuestas, advirtiendo el riesgo de gatopardismo. Su observación tiende a ser lapidaria: “Lanzar las campanas al vuelo porque se han logrado 59 acuerdos, me parece ingenuo. Algunos no son sustantivos, y otros no tienen apoyo político real. Ojalá no estemos en presencia del gatopardismo político, esto es, cambiemos para que nada cambie.” ( http://notasaltema.blogspot.com)

II. Los pasos siguientes

Como puede colegirse de las reacciones y críticas precitadas, el siguiente paso crucial para la materialización del AN es el logro de legitimidad social amplia. En esa dirección, los propulsores del AN han iniciado una verdadera cruzada de presencia en los medios de comunicación y en procesos de difusión cara a cara del documento y sus implicaciones, estrategia que tiene a la vez como ventaja y desventaja la inminencia del proceso electoral para el 2018

Por otro lado, en virtud de la previsible transformación de la Asamblea Legislativa en las elecciones del 2018 es importante sumar al AN 2017 fuerzas y agrupaciones que actualmente no cuentan con representación parlamentaria. De igual modo, pareciera ser necesaria la consideración de actores del Poder Ejecutivo y de la sociedad civil como actores del proceso.

III. A modo de conclusión

En el AN 2017 se incluye una frase de Juan Mora Fernández, primer Jefe de Estado de Costa Rica, quien en su Mensaje al Congreso de la República en 1828 expresó: ‘Deseo que el Estado sea feliz por la paz, fuerte por la unión y que sus hijos corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos.” (citado en p. 19).

Esta aspiración continúa vigente en una agenda país que luce atascada, llena de bloqueos y vetos entre actores. En ese sentido, el Acuerdo Nacional debe ser observado como un esfuerzo perfectible que vale la pena de cara al trazado de la Costa Rica del Bicentenario.

Y parte de ese esfuerzo por perfeccionar el Acuerdo exige también el afinamiento de los mecanismos de consulta, deliberación, diálogo social y toma de decisiones de modo tal que estos produzcan en efecto no solo acuerdos en el papel sino acuerdos movilizadores, de impacto.

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